Cuando pensamos en el océano, solemos imaginar peces, ballenas o arrecifes de coral. Sin embargo, en sus aguas habita un mundo microscópico fascinante con un enorme potencial para nuestra salud. Bacterias, hongos y microalgas marinas han desarrollado durante millones de años mecanismos únicos para sobrevivir en ambientes extremos, produciendo compuestos bioactivos que hoy suscitan un creciente interés científico.
De esto se trata un capítulo que publicamos como trabajo conjunto entre la PUCE, la UTPL y la UAI.
Duarte-Casar, R., Romero-Benavides, J. C., Millan, C., Bailon-Moscoso, N., & Rojas-Le-Fort, M. (2026). Marine microbial products as nutraceuticals. En Marine Microbial Products (pp. 229–252). Elsevier. https://doi.org/10.1016/b978-0-443-43836-3.00006-9
Los microorganismos marinos, adaptados a condiciones de alta presión, salinidad variable y temperaturas extremas, sintetizan moléculas que no se encuentran en organismos terrestres. Polisacáridos, péptidos, ácidos grasos omega-3, carotenoides y vitaminas son solo algunos de los productos que podemos obtener de ellos y que presentan propiedades antioxidantes, antiinflamatorias, antimicrobianas e incluso anticancerígenas.
El concepto de que los alimentos también puedan ser medicina no es nuevo y a menudo se atribuye erróneamente a Hipócrates. En las últimas décadas, esta idea ha cobrado fuerza como respuesta a los problemas de salud asociados a la dieta occidental. Los nutracéuticos, productos que se sitúan entre la nutrición y los fármacos, ofrecen beneficios que van más allá del valor nutritivo básico de los alimentos.
- Entre los compuestos más prometedores obtenidos de microbios marinos destacan los ácidos grasos omega-3, producidos principalmente por microalgas como Schizochytrium y Nannochloropsis. Estos ácidos grasos son fundamentales para la salud cardiovascular, reducen los triglicéridos y la presión arterial, y contribuyen al desarrollo cerebral durante el embarazo y la primera infancia.
- Los carotenoides constituyen otro grupo de gran interés. La astaxantina, extraída de la microalga Haematococcus pluvialis, es uno de los antioxidantes naturales más potentes que se conocen, con una capacidad muy superior a la de la vitamina E. Este compuesto se utiliza ya en suplementos dietéticos, productos cosméticos anti-envejecimiento y alimentos funcionales. Otros carotenoides como el betacaroteno de Dunaliella salina son esenciales para la salud visual y la protección celular.
- Las microalgas Spirulina y Chlorella son quizás los ejemplos más conocidos de éxito comercial. Estos organismos, ricos en proteínas, vitaminas y minerales, se comercializan ampliamente como superalimentos. La Spirulina, en particular, contiene ficocianina, un pigmento con potentes propiedades antioxidantes e inmunomoduladoras que se utiliza también como colorante natural en alimentos y bebidas.
- Los polisacáridos marinos, como los fucoidanos producidos por diversas bacterias, destacan por su capacidad para modular el sistema inmunológico y favorecer la salud intestinal. Actúan como prebióticos, estimulando el crecimiento de bacterias beneficiosas en nuestro intestino y contribuyendo a la producción de ácidos grasos de cadena corta, esenciales para mantener la barrera intestinal.
- Los péptidos bioactivos obtenidos de bacterias marinas como Bacillus y Pseudomonas muestran propiedades antihipertensivas al inhibir la enzima convertidora de angiotensina, ofreciendo una alternativa natural a los fármacos sintéticos para el control de la presión arterial. Algunos de estos péptidos presentan también actividad antimicrobiana, lo que resulta especialmente valioso en un contexto de creciente resistencia a los antibióticos convencionales.
- El escualeno, un triterpeno tradicionalmente obtenido del hígado de tiburón, puede producirse ahora de manera sostenible a partir de microalgas como Aurantiochytrium. Este compuesto, además de sus propiedades antioxidantes e hidratantes para la piel, se utiliza como adyuvante en vacunas para potenciar la respuesta inmunológica.
A pesar de este enorme potencial, la producción de nutracéuticos a partir de microbios marinos enfrenta desafíos importantes. El cultivo a gran escala de estos microorganismos requiere condiciones muy específicas de luz, temperatura y nutrientes, lo que implica el uso de costosos biorreactores. La extracción y purificación de los compuestos bioactivos resulta técnicamente compleja, especialmente cuando se encuentran en bajas concentraciones.
La sostenibilidad es otra preocupación fundamental. Aunque los microorganismos marinos ofrecen una fuente renovable, su producción a gran escala debe gestionarse cuidadosamente para evitar impactos ecológicos. El consumo de agua, nutrientes y energía debe minimizarse, y el desarrollo de métodos de cultivo respetuosos con el medio ambiente es una prioridad. Los avances en biotecnología, como la ingeniería genética y la metabolómica, están permitiendo optimizar la producción de estos compuestos y descubrir nuevas moléculas con potencial terapéutico. La acuicultura multitrófica integrada, que combina el cultivo de peces, moluscos y algas, ofrece un modelo sostenible que aprovecha los flujos de nutrientes entre especies.
El futuro de los nutracéuticos marinos pasa por la colaboración interdisciplinar entre biólogos, ingenieros, médicos y reguladores. Solo mediante un enfoque integrado podremos superar los obstáculos técnicos y normativos para llevar estos productos del laboratorio al mercado, contribuyendo así a la salud humana y a la conservación de los ecosistemas marinos.