Durante más de un siglo, carbón, petróleo y gas natural han sido los héroes de la industrialización. Nos dieron luz, calor y transporte. Pero, como en toda buena historia, el héroe se volvió villano. Hoy sabemos que estos combustibles son responsables de cerca del 75% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, y eso significa una cosa: cambio climático en modo turbo.
Rojas-Le-Fort, M., Colpari-Pozzo, M., Navarro-Rojas, M., Romero-Benavides, J. C., Ordóñez-Zambrano, T., Mondavi-Sobby, D., & Duarte-Casar, R. (2025). Environmental Impact of Traditional Energy Sources. En Fuel Cells in Environmental Sustainability (pp. 18–33). CRC Press. https://doi.org/10.1201/9781003645405-2
El problema no es solo el CO₂ que lanzamos a la atmósfera. Cada etapa del ciclo de vida de los combustibles fósiles deja huella: desde la extracción, que arrasa paisajes y contamina aguas, hasta la combustión, que llena el aire de partículas tóxicas. ¿Sabías que la contaminación del aire causada por los combustibles fósiles provoca millones de muertes prematuras cada año? Sí, respirar se ha vuelto un deporte extremo en muchas ciudades.
Además, la dependencia global de estos recursos no solo afecta al medio ambiente, sino también a la estabilidad política. Las reservas están concentradas en pocos países, lo que genera tensiones, guerras y crisis económicas. Y mientras tanto, seguimos subsidiando a la industria fósil como si fuera la estrella del show, cuando en realidad debería estar en la lista negra.
Pero no todo son malas noticias. Existen alternativas que ya están cambiando el panorama: energía solar, eólica, hidroeléctrica, geotérmica y bioenergía. Estas fuentes renovables no son perfectas (sí, los paneles solares ocupan espacio y las turbinas pueden afectar a las aves), pero sus impactos son mínimos comparados con los combustibles fósiles. Además, tecnologías emergentes como las celdas de combustible prometen revolucionar la forma en que almacenamos y usamos energía, ofreciendo electricidad limpia y estable.
La transición hacia energías sostenibles no es solo una cuestión técnica, sino también ética. ¿Queremos dejar a las próximas generaciones un planeta habitable o un horno global? Para lograrlo, necesitamos políticas más ambiciosas, inversión en innovación y, sobre todo, voluntad colectiva. El Acuerdo de París marcó el camino, pero aún estamos lejos de cumplir sus metas.
En resumen: los combustibles fósiles nos trajeron hasta aquí, pero no nos llevarán al futuro. Es hora de apostar por tecnologías limpias, reducir emisiones y diseñar sistemas energéticos que respeten la vida en todas sus formas. Porque, seamos sinceros, ¿de qué sirve tener coches veloces si no hay carreteras que no estén bajo el agua?
¿Qué puedes hacer tú? Informarte, exigir políticas verdes y, cuando sea posible, elegir opciones energéticas más limpias. El cambio empieza por pequeñas decisiones, pero necesita grandes compromisos.